
Una vía deteriorada no siempre necesita la misma solución. Elegir bien la intervención depende del tipo de falla, de su extensión y del estado de la estructura que está debajo de la carpeta asfáltica.
Bacheo: fallas puntuales
El bacheo corrige daños localizados: huecos, hundimientos pequeños o grietas aisladas. Consiste en cortar la zona dañada en forma regular, retirar el material suelto, limpiar, aplicar riego de liga y colocar mezcla asfáltica en caliente compactada.
Es la opción adecuada cuando el resto del pavimento está en buen estado. Si los baches se repiten en el mismo tramo, suele ser señal de un problema más profundo.
Fresado: retirar la capa dañada
El fresado elimina con maquinaria la capa superficial deteriorada, con un espesor controlado. Se usa cuando la superficie presenta desgaste, deformaciones o fisuras extendidas, pero la base todavía responde.
Además de retirar el material dañado, el fresado permite mantener los niveles de la vía, bordillos y drenajes, y el material retirado puede reutilizarse.
Repavimentación: nueva carpeta asfáltica
La repavimentación coloca una carpeta nueva sobre la superficie, normalmente después del fresado. Recupera la regularidad, la seguridad de rodaje y la vida útil de la vía.
Cuando el daño compromete la base o la subrasante, la repavimentación sola no basta: hace falta rehabilitar la estructura antes de colocar asfalto.
Cómo decidir
- Daño puntual y estructura sana: bacheo.
- Desgaste generalizado en superficie: fresado y repavimentación.
- Fallas que vuelven a aparecer o hundimientos amplios: evaluación de la estructura y rehabilitación.
Una inspección técnica previa evita invertir en una solución que dure poco.
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